May 20

Haciendo una referencia al post de ¿Y qué fue de…?, me considero una persona torturada por mi camino. No es que no me mueva por un camino que no haya elegido yo, ni que no me guste mi camino. Simplemente, lo que ocurre es que elegí un camino muy difícil, y cuyo final quizás no compense el camino de recorrerlo. El caso es que por norma general no me considero una persona plenamente feliz (al menos de momento), porque siempre tengo en la cabeza preocupaciones (sobre todo académicas) que no me dejan conciliar el sueño todo lo bien que a mí me gustaría.

Mirando atrás, me doy cuenta del momento en el que fui más feliz: el verano justo antes de entrar en la Universidad. Ese verano comprobé que eso que dicen de que cuando eres feliz sientes un calorcito dentro es literalmente cierto. Ese año se habían juntado muchas cosas; para empezar, había sido un año muy duro académicamente hablando. Nos apretaron mucho las tuercas, hasta el punto de que de los 65 compañeros que empezaron conmigo ese experimento llamado bachiller (que nada tiene que ver con el de ahora; por suerte nosotros fuimos la primera generación y estuvimos al nivel de COU) sólo terminamos 2 en junio. Es lo que tiene haber hecho una ESO que sin ser lo que hay ahora no estaba al nivel de BUP, pero llegar a un bachiller que sí estaba al nivel de COU. De todas formas, apretar los dientes, privarme de mi vida personal y estudiar, estudiar, estudiar… me ofrecieron como recompensa una matrícula en selectivo y tener las tasas del curso universitario próximo pagadas. Una victoria. Además me matriculé en la autoescuela y saqué el carnet en 3 semanas. Por si esto fuese poco (ya iba lanzado), me presenté al examen de cinturón negro de taekwondo, que también aprobé.

Todas mis metas a corto plazo cumplidas. Ningún cabo suelto. Todos mis asuntos pendientes zanjados, y todo un verano por delante sin absolutamente nada que me quedase por hacer. Tenía por delante todo un mundo de posibilidades. Podía hacer lo que quisiera, porque no había nada que tuviese pendiente de ser hecho. El mundo estaba a mis pies. En el momendo que me di cuenta de eso, me di cuenta de que era completamente feliz. Es cuando me di cuenta de que la felicidad consiste en tener todas las posibilidades del mundo. La felicidad es levantarte una mañana soleada, salir a la ventana y darte cuenta de que eres completamente libre para hacer lo que quieras, para estar con quien quieras, para ser lo que quieras. La felicidad es tener la libertad de ser tú sin nada que lo impida.