Abr 22

Yo creo que en lo que respecta a relacionarse con las demás personas, la vida es como una especie de puzzle. Hay personas con las que encajas a la perfección, y otras con las que no tanto.

Con una persona con la que no encajas no puedes hacer nada. Da igual lo mucho que intentes hablar con ella, porque no tenéis nada que deciros. No es porque alguno de los dos no quiera hablar, sino que, simplemente, no hay nada interesante que os podáis decir. Por mucho que busques temas, que intentes conocerla… al final las conversaciones siempre derivan a un “parece que va a llover”. Con una persona que encaja contigo, puedes pasarte horas y horas hablando de lo que sea. Puede ser algo interesante o simplemente la mayor tontería del mundo. Te gusta estar con esa gente, y no sólo es que te guste, sino que hace que te sientas bien contigo mismo, que olvides tus problemas y que en tu cara aparezca una sonrisa que no se va en todo el día.

En mi caso, cuando encuentro una parte de mi puzzle, aparecen comeduras de tarro que quizás no deberían estar ahí, pero es algo que no puedo evitar. Empiezo a preguntarme cosas como “¿Estaré siendo muy pesado?”. A esa pregunta siempre le sigue una tipo “¿Y si en lugar de ser muy pesado parece que no tengo interés en estar con ellos?”, a la que sustituye un pensamiento del tipo “pero a lo peor, si los agobio demasiado acaban por cansarse de mí…”.

Empezar una relación con alguien, sea del tipo que sea, siempre es complicado. Al menos a mí me lo resulta. Intentas que todo vaya bien, y evitas por todos los medios hacer algo que implique una metedura de pata. Cuando la gente con la que te relacionas empieza a importarte, la sensación de necesitar hacer las cosas bien aumenta de una forma considerable, lo que hace que las comeduras de tarro vayan a más, y claro, no puedes estar preguntándoles a ellos si te estás poniendo pesado cada 10 minutos, porque entonces sí que te estarías poniendo pesado.

Cuando estaba en preescolar, para ser amigo de alguien para siempre bastaba con preguntarle qué color le gustaba más. ¿Cuándo se volvió la vida tan complicada?

Dic 13

Konbanwaaaaaaaaaa. Llevo toda la tarde chollando y estoy un poco espeso, así que la cosa va ligerita ;) . ¿Alguna vez os fijasteis en el parecido entre las personas y los perros cuando de “buscar pareja” se trata?

El estudio comenzó en mi temprana época de “intentar pillar cacho”. Cuando vi que era tiempo perdido, me empecé a dedicar a ver (toma perífrasis) cómo hacían los demás, y la verdad es que cada día me alegraba más de no estar en el rebaño. Me explico: imaginaos la escena. Estamos en el típico bareto / pub / discoteca, lo que más frecuentéis. Entonces entra la típica tía cachonda, maciza a más no poder. Al momento toooooodos los tíos que conoce (y que no conoce) van corriendo en tropel. Una auténtica jauría de hombres babeantes mirando fijamente a su presa. En ese momento empieza el cortejo. Uno por uno van intentando soltarle 3 palabras seguidas a la cachonda, a cada cual más patética, hasta que la cachonda en cuestión se decanta por uno.

Ahora vamos a por los perros. Si alguna vez visteis la típica escena campestre de los perros en celo, veréis que el grupito siempre consta de una hembra rodeada por unos 8 o 10 machos, que se pelean por ir a olerle el culo a la hembra. Al final, ésta se decanta (como en la mayoría de especies) por el macho que cree genéticamente superior.

Pues eso, el parecido entre los perros y las personas es apreciable, al menos desde mi punto de vista. Lo que cambia es que, a diferencia de los perros, la maciza en cuestión suele elegir al genéticamente más capullo ;) . Buenas noches, gente.