Jul 15

Hoy hace un año desde la fractura de la que ya todos estáis hartos. Para celebrarlo, anteayer me fui hasta Marín para ver la exhibición de los chicos de este año. Yo no pude participar porque andaba a vueltas con un tendón de una mano (según el médico tengo un laponeurisma o algo así, es decir, que se me forman nódulos en el tendón. Una cosa bastante jodidilla) y no pude asistir a los entrenamientos.

La exhibición siguió la tónica de siempre. Rompimientos por aquí, volteretas por allá, música cañera para acompañar… Llevo un año más parado que un avión de mármol y echo mucho de menos todo el mundillo. Ya estoy recuperado completamente (o casi), pero de todas formas, la recuperación completa es bastante reciente. Aún ahora empiezo a hacer flexiones sin que me duela. Por suerte no perdí prácticamente nada de movilidad (sólo un par de grados), y por lo pronto parece que fuerza tampoco. Ahora tocará intentar volver a la arena poco a poco.

A muchos os parecerá raro, pero lo que más echo de menos es el olor del tapiz. Creo que ya lo había comentado alguna vez. El momento en el que entras en el tatami, de repente dejas de oír al público, sólo oyes a tu coach aconsejándote, y aún así lo oyes de forma apagada. Sientes cómo tu cuerpo empieza a bombear adrenalina que va llenando hasta el último de tus capilares. El tiempo comienza a alargarse y todo transucrre a cámara lenta. Hueles la goma del tapiz y miras a tu adversario. Sabes que sólo uno de los dos va a ganar, y que los dos vais a ir a por todas. El resto del combate siempre está en blanco. Nunca soy capaz de recordar con claridad cómo fue un combate desde un par de días después en adelante. Supongo que es por culpa de la adrenalina. Estás ahí y te concentras tanto que luego ni siquiera recuerdas qué pasó.

Creo que nunca volveré a competir. Hay varias razones para eso: por un lado ya voy un poco viejo (sí, por raro que les pueda parecer a algunos, el momento en el que en mejor forma estuve fue a los 16. A partir de ahí, en picado); por otro, llevo mucho tiempo sin entrenar para competición, y es un lastre que se carga toda la vida; además, una vez que dejas de competir, es cuando empiezan a aparecer las lesiones. Mientras estás en forma, tienes tu cuerpo preparado para lo que le eches. Después, intentas hacer lo que hacías antes, sin ser consciente de que tu cuerpo ya no lo soporta. Al primer golpe que das a plena potencia, placa, lesión. Estos días ando a vueltas con la rodilla derecha. Los que me conozcáis de hacer deporte sabréis que con las piernas soy zurdo. Es decir, pegaba patadas con la izquierda, por lo que la pierna derecha era la que quedaba en el suelo y giraba soportando todo el peso. Hacer eso durante tanto tiempo hace que cualquier rodilla se resienta. Creo que me puedo sentir afortunado por el hecho de que mis rodillas sigan funcionando, pero creo que el que me duela la derecha ya no me lo va a quitar nadie.

En fin, esas son las cosas que tengo estos días en la cabeza. La nostalgia de tiempos mejores y el deseo de que vuelvan. Supongo que tengo una especie de versión adelantada del síndrome de los 40. Dentro de nada me compraré una chupa de cuero y un deportivo rojo para demostrar que todavía soy un chaval ;)

Jul 16

IMPORTANTE: si sois sensibles NO CLICKEIS en el link de abajo.

Hecha la advertencia paso a narraros el dia de ayer, que dio mucho de si. Tras unos avisos de ultima hora, quedamos en que haríamos una exhibición en Bueu, que es un pueblo que queda cerca. Había un componente que por razones que no vienen al caso no iba a poder venir, así que el día antes apañamos un par de parches para improvisar luego sobre la marcha.

Llegamos a Bueu y empezamos a montar el tapiz y mover todo el equipo. Tras los típicos ajustes de última hora, empezaron las exhibiciones. Primero fueron los críos (sin pena ni gloria para mi gusto, en comparación con el papel que habían hecho en Marín). Después de esto, hicimos unos combatillos suaves de exhibición. Y ahora viene el plato fuerte.

Un segundo componente nos dejó tirados, así que muy a nuestro pesar, tuvimos que suspender nuestra exhibición y hacer sólo los rompimientos. Salió todo de puta madre. Último salto (me toca). 3 filas de compañeros para que salte por encima. Un corcho a 1,80 metros de altura para que lo rompa de una patada lateral (yop chagui) con los 2 pies. Echo a correr… salto… entonces me doy cuenta de que el corcho está demasiado alto. Levanto las piernas, lo parto y caigo apoyándome en la muñeca. En ese momento sentí desplazarse el hueso, así que pensé que la había dislocado. Aguanto como puedo, saludamos y salimos de allí. Voy hacia el colega responsable del asunto (Richard) y le digo sin perder la calma:

- Er… tio, me partí una muñeca.
- Jajajaja, estás de coña…
- No, mira.

Entonces me remango el dobok y le enseño el regalito. Repito que si sois sensibles no miréis el link. En ese momento llegó Rubén (también estaba en el equipo y además es de protección civil y socorrista) y me empezó a hablar en plan gilipollas:

- Bueeeeeeeeeno, tiiiiiiio, tú tranquiiiiiiiilo. Ahora te llevamos al hospitaaaaaaaaaaaal…

Yo comprendo lo que intentaba, pero es que yo ya estaba perfectamente tranquilo. En realidad creo que era el más tranquilo allí. Nos metimos en el coche de (Richard) y pusimos rumbo al hospital (no veais lo que jodían los baches).

Una vez que llegamos, dimos los datos y hala, a sala de espera (aquí no había tanto movimiento como en “Urgencias”). Estuvimos en esa puta sala una media hora (mientras tanto también llegó mi madre medio histérica) hasta que nos llamaron. Aquí ya no dejaron entrar a Richard, así que le dije que se fuera a casa. Me echó una ojeada un médico y me dijo:

- Macho… fractura de cúbito y radio.

Me inmovilizó el brazo y me mandaron a rayos x. Sacaron radiografía y me metieron en otra sala donde estuve esperando entre 45 minutos y una hora. Tras ese tiempo me llamaron y me mandaron a escayolar. Otro médico. Vio la radiografía y ya me dijo lo que había:

- Tienes una fractura articular de cúbito y radio. Destrozaste bien el asunto, así que tedremos que poner unas agujas y esperar que quede más o menos bien. De todas formas te quedarán secuelas.

Traduciendo: partí en 3 pedazos la parte del radio que va a la muñeca, y en 1 la del cúbito. Le dije a mi madre que saliese porque se iba a poner más histérica y empezó la marcha. Lo primero que hizo el médico fue anestesiarme la muñeca (aún así dolía, no creais); luego me inmovilizó la mano con un aparatejo. Después me dio un tirón y apretó con las manos para poner todo en su sitio (AAAAAAARRRRRRRRRJJJJJJJJ). Una vez que estuvo todo “bien” empezó con las agujas. Para los que no lo sepáis, las agujas van atravesando el hueso, y sirven para anclar los pedazos rotos al trozo entero (sí, duele). La primera entró más o menos bien, haciendo fuerza y tal. La coña es que la segunda no daba entrado. Hueso duro y aguja gruesa, mala cosa. Después de mucho forzar, optó por utilizar una más fina. Esta sí entró. Las dobló, partió el trozo sobrante y escayoló. Abrió la puerta y fuera estaban mi madre (comiéndose las uñas) y Richard (que se había colado). Otra vez a rayos. Otra radiografía. Otra sala de espera…

Una vez vista la última “foto”, el médico dijo que todo había salido bien. Me recetó un calmante y un antibiótico y nos dijo que había que volver el 27 para que le echaran una ojeada a esto. Para casa.

En el momento con la anestesia no me dolía mucho, pero ahora empiezo a pasarlas un poco más putas. Sobre todo cuando intento mover el pulgar, porque noto dentro la puta aguja y duele bastante. Una de las cosas que más me joden (aparte de que me quedo sin playa) es que a ver cómo coño hago para septiembre, porque tengo para mes y medio con escayola y otro tanto de rehabilitación… En fin, se aceptan donativos.

No miréis si sois sensibles