Sep 09

Personalmente, me interesan mucho (supongo que es una de las cosas que más me interesan) los avances científicos y tecnológicos. Si pudiese elegir una razón por la que vivir eternamente, sin duda sería para ver cómo avanza la humanidad en estos aspectos a través de los siglos, ya que, aunque considero que tuve mucha suerte al vivir en una época de grandes avances y constante cambio, también soy consciente de que cada vez la evolución se hará de una forma más frenética, y si se descubren nuevas formas de energía con la antimateria, las partículas nuevas que se descubran, la materia oscura y demás asuntos, el salto puede ser inimaginable.

Puede que muchos estéis al tanto de que mañana entra en funcionamiento el LHC, o Gran colisionador de hadrones. Es básicamente el mayor colisionador de partículas que se construyó hasta el momento, construído en Suíza con la colaboración de un montón de países. Vamos, que básicamente se hizo lo que se tiene que hacer con la ciencia, que es avanzar toda la humanidad en conjunto.

En este cacharro se harán muchos experimentos, pero seguro que el que más os sonará es el de observar de una vez el maldito bosón de Higgs, que hasta ahora sólo existe en teoría.

El caso es que hay un gran número de detractores que dicen que en cuanto se ponga en funcionamiento se creará un agujero negro que se tragará Suíza, el planeta e incluso el sistema solar. En fin… vamos a ver, ñordos; no voy a entrar en discusiones absurdas, porque busquéis por donde busquéis está plenamente explicado el por qué los experimentos que se van a hacer son seguros, así que usad el google, que está para algo. Sólo voy a decir una cosa que cae de cajón. En ese cacharro trabajan miles de científicos cualificados, gente que lleva años trabajando en la materia. Pero claro, viene un señor que no tiene ni preparación ni estudios ni puta idea y dice que “se acaba el mundo”, y ahí va el rebaño de borregos detrás, balando que el mundo se acaba. Es como decía un amigo mío, hablando de un profesor suyo, que les decía:

- Porque pasáis de vuestros padres, pasáis de vuestros profesores… Y cuando tenéis un problema, ¿a quién acudís? Pues al portero de la discoteca, ahí, hablando con el intelectual, con el que sabe…

Pues ésto, más de lo mismo. ¿A quién se le hace caso? ¿A los que trabajan allí o al que dice que se acaba el mundo aunque no tenga ni puta idea? Pues al más amarillista, claro. Dejad de ver documentales tipo “4 maneras de acabar con el mundo” y documentaos un poco, que mañana no se acaba nada, ¡gilipollas!

Ago 05

Para empezar os diré que en rayos me dijeron que todo está en su sitio. La muñeca cicatrizó perfectamente, así que el día 26 me toca hacer la última comprobación. Me quitarán la escayola y me sacarán la última radiografía. Si todo está en su sitio, me quitarán las agujas y para rehabilitación. Dicho esto, pasamos a narrar el trauma de hoy.

Hoy me voy a desahogar con la plaga. La maldita marea de veraneantes que sufrimos todos los años los de los pueblos costeros. Empezaré diciendo que cerca de mi casa hay un cruce en el que me paso al día unos 10 o 12 segundos con el coche. En verano esta cifra aumenta hasta límites surrealistas. Tengo estado esperando casi 10 minutos hasta tener un hueco para poder sacar el coche. Además la carretera es un poco estrecha, y los malditos veraneantes suben a una media de 100 km/h, esquivando viejas, hombres con desbrozadoras que vuelven de un duro día de trabajo, gente haciendo deporte y habitantes que no tenemos culpa de que esos imbéciles vengan aquí a estresarse más. Incluso me tienen pitado y sacado luces gilipollas con matrícula de Madrid que creen que la carretera es de sentido único porque “todo el mundo va desde la playa hasta Marín” y yo voy en sentido contrario. Se creen que son la polla. Vienen de la gran urbe a enseñarnos cómo circular a nosotros, los paletos pueblerinos. Lo que sabemos los paletos pueblerinos es que a esa velocidad se van a estrellar contra el poste que hay después de la curva, que no se ve y ellos no conocen, y por supuesto, no avisamos… y se estrellan. Gilipollas.

Luego está la otra invasión. La de las playas. La playa es nuestra todo el año. Todo el invierno para pasear, relajarse, quedar con los amigos y echar unas risas con tranquilidad… Llega el verano, que es cuando más la podemos disfrutar. Antes de nada, olvídate de ir en coche, porque en 3 km a la redonda está todo ocupado con matrículas de Marid, San Sebastián o Cáceres. La playa en sí no será mucho mejor. Olvídate de pillar un sitio a la sombra, porque estará ocupado por Manué, Jordi o Itxaso. Cuidado al meterte en el agua, no mojes a la suegra del extremeño. No juegues a la pelota porque el vascuence llamará a la policía… y lo que más me consterna es oir esos malditos comentarios que empiezan por “Estos de pueblo…” o “Estos paletos gallegos…”. ¿Pero qué coño se creen? Aquí los únicos ignorantes son ellos. Más que ingorantes, son todos unos incívicos. En el reino aimal hay una especie que se les parece mucho: la puta langosta.

NOTA: si algún madrileño, vasco o alemán se sintió ofendido os diré que no tengo nada en contra de la gente de fuera de Galicia. No tengo nada en contra de los veraneantes. Lo que sí se me atraviesa es la gente sin educación que me falta cuando pisa mi tierra. A esos sí que no los trago. Si venís, conducís con cuidado y os gusta la playa y pasarlo bien con la gente, ya sabéis, difundid el ejemplo.