Hoy hace un año desde la fractura de la que ya todos estáis hartos. Para celebrarlo, anteayer me fui hasta Marín para ver la exhibición de los chicos de este año. Yo no pude participar porque andaba a vueltas con un tendón de una mano (según el médico tengo un laponeurisma o algo así, es decir, que se me forman nódulos en el tendón. Una cosa bastante jodidilla) y no pude asistir a los entrenamientos.
La exhibición siguió la tónica de siempre. Rompimientos por aquí, volteretas por allá, música cañera para acompañar… Llevo un año más parado que un avión de mármol y echo mucho de menos todo el mundillo. Ya estoy recuperado completamente (o casi), pero de todas formas, la recuperación completa es bastante reciente. Aún ahora empiezo a hacer flexiones sin que me duela. Por suerte no perdí prácticamente nada de movilidad (sólo un par de grados), y por lo pronto parece que fuerza tampoco. Ahora tocará intentar volver a la arena poco a poco.
A muchos os parecerá raro, pero lo que más echo de menos es el olor del tapiz. Creo que ya lo había comentado alguna vez. El momento en el que entras en el tatami, de repente dejas de oír al público, sólo oyes a tu coach aconsejándote, y aún así lo oyes de forma apagada. Sientes cómo tu cuerpo empieza a bombear adrenalina que va llenando hasta el último de tus capilares. El tiempo comienza a alargarse y todo transucrre a cámara lenta. Hueles la goma del tapiz y miras a tu adversario. Sabes que sólo uno de los dos va a ganar, y que los dos vais a ir a por todas. El resto del combate siempre está en blanco. Nunca soy capaz de recordar con claridad cómo fue un combate desde un par de días después en adelante. Supongo que es por culpa de la adrenalina. Estás ahí y te concentras tanto que luego ni siquiera recuerdas qué pasó.
Creo que nunca volveré a competir. Hay varias razones para eso: por un lado ya voy un poco viejo (sí, por raro que les pueda parecer a algunos, el momento en el que en mejor forma estuve fue a los 16. A partir de ahí, en picado); por otro, llevo mucho tiempo sin entrenar para competición, y es un lastre que se carga toda la vida; además, una vez que dejas de competir, es cuando empiezan a aparecer las lesiones. Mientras estás en forma, tienes tu cuerpo preparado para lo que le eches. Después, intentas hacer lo que hacías antes, sin ser consciente de que tu cuerpo ya no lo soporta. Al primer golpe que das a plena potencia, placa, lesión. Estos días ando a vueltas con la rodilla derecha. Los que me conozcáis de hacer deporte sabréis que con las piernas soy zurdo. Es decir, pegaba patadas con la izquierda, por lo que la pierna derecha era la que quedaba en el suelo y giraba soportando todo el peso. Hacer eso durante tanto tiempo hace que cualquier rodilla se resienta. Creo que me puedo sentir afortunado por el hecho de que mis rodillas sigan funcionando, pero creo que el que me duela la derecha ya no me lo va a quitar nadie.
En fin, esas son las cosas que tengo estos días en la cabeza. La nostalgia de tiempos mejores y el deseo de que vuelvan. Supongo que tengo una especie de versión adelantada del síndrome de los 40. Dentro de nada me compraré una chupa de cuero y un deportivo rojo para demostrar que todavía soy un chaval
Busca en San Guguel
Paranoyas sobre
Nube de tormentags
Archivetes
Risas
Candelario
Paranoya estadística
Linquetes
Suéltame tus idas de olla