abr 22

Yo creo que en lo que respecta a relacionarse con las demás personas, la vida es como una especie de puzzle. Hay personas con las que encajas a la perfección, y otras con las que no tanto.

Con una persona con la que no encajas no puedes hacer nada. Da igual lo mucho que intentes hablar con ella, porque no tenéis nada que deciros. No es porque alguno de los dos no quiera hablar, sino que, simplemente, no hay nada interesante que os podáis decir. Por mucho que busques temas, que intentes conocerla… al final las conversaciones siempre derivan a un “parece que va a llover”. Con una persona que encaja contigo, puedes pasarte horas y horas hablando de lo que sea. Puede ser algo interesante o simplemente la mayor tontería del mundo. Te gusta estar con esa gente, y no sólo es que te guste, sino que hace que te sientas bien contigo mismo, que olvides tus problemas y que en tu cara aparezca una sonrisa que no se va en todo el día.

En mi caso, cuando encuentro una parte de mi puzzle, aparecen comeduras de tarro que quizás no deberían estar ahí, pero es algo que no puedo evitar. Empiezo a preguntarme cosas como “¿Estaré siendo muy pesado?”. A esa pregunta siempre le sigue una tipo “¿Y si en lugar de ser muy pesado parece que no tengo interés en estar con ellos?”, a la que sustituye un pensamiento del tipo “pero a lo peor, si los agobio demasiado acaban por cansarse de mí…”.

Empezar una relación con alguien, sea del tipo que sea, siempre es complicado. Al menos a mí me lo resulta. Intentas que todo vaya bien, y evitas por todos los medios hacer algo que implique una metedura de pata. Cuando la gente con la que te relacionas empieza a importarte, la sensación de necesitar hacer las cosas bien aumenta de una forma considerable, lo que hace que las comeduras de tarro vayan a más, y claro, no puedes estar preguntándoles a ellos si te estás poniendo pesado cada 10 minutos, porque entonces sí que te estarías poniendo pesado.

Cuando estaba en preescolar, para ser amigo de alguien para siempre bastaba con preguntarle qué color le gustaba más. ¿Cuándo se volvió la vida tan complicada?

feb 01

Aquí estoy yo de nuevo poniendo una mierda de post en mi mierda de blog. ¿Y por qué? Pues porque sí. Porque estoy de mala ostia y me apetece decir que estoy de mala ostia. Me apetece pegarle 4 tiros al primero que me mire mal, pero es algo que por supuesto no haré. ¿Y por qué no haré? Por repercusiones legales. Porque en el trullo no duraba ni 2 minutos. ¿Y por qué no duraba ni 2 minutos en el trullo? Pues porque sí. Porque soy un tiñalpa de los cojones. Da igual a dónde vayas. Da igual lo que hagas. Siempre hay alguien mejor que tú en todo. Siempre hay MUCHOS mejores que tú en todo. Y como si no lo son. ¿Qué mas da? Aunque tú seas mejor la gente no te va a preferir por ello. Siempre habrá alguien más inteligente, o más rápido, o más fuerte, o más guapo, o más ágil. Y como si no lo es. Que estás en la discoteca. Competición a muerte entre el tunning bakala de mierda y tú por la hembra de turno. Eres más alto, eres más fuerte, eres más inteligente… Pero él tiene el pelo más de punta. Te jodes. No eres guay. La inteligencia no es guay. El conocimiento no es guay. No eres guay, eres sólo un pedazo de mierda en un mundo podrido. Que estás con la mujer gótica de turno. La cagaste, vas vestido de colores claros, y ella prefiere al marulo de 2 metros que tiene al lado. Que estás con la mujer refinada de turno. Ni de coña, tienes greñas, tio. ¿A dónde te crees que vas? Eres un puto híbrido. Eres mestizaje puro. Eres una mera mezcla. Olvídate de encajar. Olvídate de triunfar. No hay sitio para ti si no eres un puto extremista cabeza cuadrada. Sí… puedes conseguir dinero. Sí… puedes conseguir falsos amigos pardillos de mierda. Pero no eres real, tío. Sólo eres uno de tantos.