Con la salida del Origami volvió a mi mente la idea de un gadget increíble que deseo desde hace tiempo, pero que por el momento todavía no se fabrica. El cacharro en cuestión constaría de una pantalla tamaño folio, o algo similar, de tinta electrónica, en color y que además fuese táctil. Por supuesto, debería llevar una especie de disco duro y WiFi.
Las ventajas a nivel de hardware saltan a la vista. La pantalla al ser de tinta electrónica ocupa muy poco espacio en lo que a grosor se refiere, además de que el consumo es muy bajo. El cacharro tendría que tener cierta maquinaria, por así llamarlo, así que para el caso podría ir todo incluido en una carcasa rectangular, que además podría servir para apoyar la pantalla y que no se nos doble si lo utilizamos yendo en el autobús, por ejemplo.
¿Aplicaciones del cacharro? Ilimitadas. Por lo pronto se me ocurre una que haría ganar en comodidad a los estudiantes. En teleco, muchos de los profesores dejan los apuntes colgados en internet, por lo que tienes que descargarlos e imprimirlos. A veces se te olvida, no tienes tinta… Cosas por el estilo. Con este cacharrín podrías estar en clase con tu pantalla de tinta electrónica, que apenas ocupa más que un folio normal (fácil de transportar). Te conectas a internet mediante la WiFi, te bajas los apuntes en clase y mientras el profesor canta la canción, tú sigues la clase viendo tu maravilloso PDF. ¿Hay que tomar una nota? No pasa nada, sacas tu lápiz óptico y lo apuntas directamente en el archivo con esa maravillosa pantalla táctil.
Se podrían nombrar muchas otras aplicaciones, pero bueno, todavía habrá que esperar unos años, por lo que parece. De todas formas la tenología sigue avanzando, y cada vez queda menos. Hoy tenemos el Origami. Mañana tendremos mi sueño.
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