Paranoyas de 10th marzo 2008

mar 10

Ya hace algún tiempo que tengo la impresión de que hay muy poca gente que sabe animar a una persona. No me refiero a levantarle el ánimo cuando se encuentra decaída, sino a saber exprimirla al máximo para que dé lo mejor de sí.

Me parece que la mayoría de la gente cree que para exprimir a una persona hasta el límite se necesita aplicar la técnica militar de enardecimiento de las huestes. ¿Cuál es la técnica militar? Muy sencillo, en cuanto os la describa diréis “aaah, ya”. Por “Técnica militar” me refiero al típico truco de gritarle a alguien, presionarlo, aunque lo esté haciendo bien decirle que lo está haciendo mal, que tiene que esforzarse más. Seguro que lo visteis en mil y una películas. La escena en la que el crack de turno soporta un rapapolvo de su entrenador a pesar de estar luchando como un campeón, y luego un amigo le comenta que qué extraño que le hablen así cuando lo está haciendo bien, a lo que él responde “Tranquilo, eso es porque lo estoy haciendo bien y aún puedo mejorar”.

Pues bien, por lo que tengo visto, hay quien cree que ese es un método estándar. Que cuando hay algo mejorable, así siempre se mejora. A quien cree eso le diré que no, que no siempre es así. Muchos no funcionamos con ese método, sino todo lo contrario. El que estés haciendo algo bien y te digan que lo estás haciendo fatal, y mucho más si es de malas maneras, puede provocar no sólo frustración, sino apatismo con eso que se está haciendo, y es mi caso personal e intransferible. Tal y como yo lo veo, se cazan más moscas con miel que con vinagre, y a mí para animarme con algo, lo único que se necesita es hacerme saber que estoy haciendo algo bien, y automáticamente me esfuerzo en seguir mejorándolo.

Supongo que el arte de exprimir a una persona es algo como el don de gentes: es algo con lo que se nace, algo que no se hace. Entrenándolo mucho puedes mejorarlo, pero no hay color de alguien que lo tiene per se que alguien que lo tiene porque se haya pasado horas hablando al espejo. Ahora hablando en el caso del rendimiento físico, sólo conozco a una persona que sepa hacer que cada uno dé lo mejor de sí mismo. Se llama Jose, y es monitor de aerobic y pesas en el gimnasio al que voy (o iba mientras siga sin coche :P ). Si hay que berrearle a alguien, le berrea. Si hay que animarlo en el sentido suave de la palabra, lo anima. Sabe qué decirle a cada uno para exprimirlo al máximo, y tengo que reconocer que las clases de taekwondo que di con él fueron las más largas, intensas y satisfactorias que di nunca.