Como le prometí a Lussac, aquí dejo esta increíble escena de FLCL. Un satélite con una bomba se precipita hacia la medical mecánica, y sólo puede ser detenido por Naota. Debe batear contra el satélite. ¿Con qué? Con una guitarra eléctrica (sí, el video es realmente absurdo xD). Un gran clip sonando de fondo Crazy sunshine, de The pillows.
Paranoyas de junio 2007
Cuando brilla una nueva estrella, a veces lo hace con tanta intensidad que su luz cegadora puede arrancarte una lágrima.
Desde hace un tiempo estoy recortando escenas que me gustan de series que me gustan, a modo de AMV, pero sacadas directamente de las series en cuestión. Hasta ahora no sabía qué hacer con ellas, pero bueno, creo que las colgaré aquí. Quizás a algunos os guste la recopilación.
Empiezo la colección con esta secuencia de Naruto. Rock Lee se enfrenta a Gaara en el examen de Chuunin. Parece que Lee no tendrá ninguna oportunidad al tener únicamente técnicas de Taijutsu, pero esconde un as bajo la manga (o más bien bajo el pantalón).
Rock Lee Vs. Gaara en el examen de Chuunin
Todos los que me conocéis medianamente bien sabéis que soy linuxero acérrimo. Por un lado estoy completamente de acuerdo con iniciativas como la GPL o la Creative Commons, que permiten que este tipo de cosas se distribuyan de forma abierta para todos los usuarios. Además, al ser en su mayoría código abierto, los sistemas Linux son mucho más seguros que los sistemas propietarios como Windows, mucho más fiables, se actualizan con mayor rapidez… En fin, todas esas cosas que ya sabéis y que no os voy a contar ahora porque no es el propósito de este post.
Lo que sí os quiero contar es cómo me inicié en este mundillo y cómo fui evolucionando en él con el paso de los años. Vamos allá (Abreviaré la correcta notación GNU/Linux a Linux por razones obvias de comodidad):
TOMA DE CONTACTO

Winlinux 2000
Todo empezó hace ya 7 años con un desastroso “WinLinux 2000″. Se trata de una versión de Linux que se instala sobre Windows como si fuese una aplicación más. La versión que probé traía un árido KDE de los primeros (creo recordar que era una de las versiones 1.X), además de que era increíblemente inestable. Se colgaba a la mínima por funcionar bajo windows y apenas traía aplicaciones. Lo único que se podía hacer con él (sobre todo sin tener ni puta idea como era mi caso) era jugar a los 4 jueguecillos que traía el entorno gráfico y montar el cdrom xD. No conseguí hacer nada más, pero para aprender grosso modo que existen otros sistemas me sirvió.
PRIMEROS PINITOS

Mandrake 7.2
Tras mi desastroso inicio con Winlinux lo dejé durante un añito, y volví sobre mis propios pasos hace 6 años, instalando una Mandrake 7.2. Venía con un instalador gráfico, por lo que su instalación era muy sencilla incluso para usuarios inexpertos. Traía ya unos cuantos entornos gráficos distintos (los de siempre, KDE, Gnome y algún otro de los menos comunes). Yo solía utilizar KDE, más que nada porque ya lo conocía de Winlinux (quizá de ahí proceda mi KDEísmo). Ya era un interfaz un poco más amigable que el anterior, aunque seguía siendo bastante sobrio. Al venir en 2 cds y no ser un simple programa, como el winlinux, ya venía bastante más surtido de aplicaciones, tales como el netscape, el openoffice… Con esta distro aprendí a instalar un linux propiamente dicho, qué es la Swap y para qué se utiliza, las particiones que hacen falta, así como el sistema de carpetas, aprendí nociones básicas sobre los gestores de paquetes (más concretamente sobre RPM)… En fin, nociones muy básicas a nivel de usuario. Por diversas razones (entre otras, que no tenía una conexión decente a Internet) tuve que darlo por imposible y volver a Windows.
(Para los no iniciados, actualmente Mandrake se llama Mandriva).
TOMA EN SERIO

Red Hat 8.0
Tras haber pasado por estas dos experiencias previas y después de otro año, entré en teleco y para mi sorpresa, en la mayoría de las prácticas se trabaja bajo entorno linux. Una vez más, y con ánimos renovados, me decidí a instalar de nuevo una distro de linux. Esta vez me decanté por una Red Hat 8.0. Esta distro era muy parecida a la anterior. También tenía un instalador gráfico, incluso más intuitivo que el de Mandrake, y venía igualmente surtido de aplicaciones (también incluía el gestor de paquetes RPM). Con esta distro intenté quedarme definitivamente con un sistema Linux, aunque después de 4 meses tuve que volver a dejarlo por imposible, una vez más por culpa de mi conexión a Internet. Cada vez que quería instalar un programa, tenía problemas de dependencias por tener la distribución demasiado anticuada, y sólo podía resolverlas por Internet, por lo que era imposible solucionarlo. Posteriormente actualicé la distro a una versión 9.0, con pocos cambios. Lo más destacable es que traía un programa que permitía actualizar algunas partes del sistema por Internet, aunque su funcionamiento era bastante malo.
(Para los que no estéis al tanto, actualmente el proyecto Red Hat se denomina Fedora.
CONVERSIÓN DEFINITIVA

Knoppix 3.2
La conversión definitiva llegó para mí de la mano de una distro muy novedosa: una Knoppix 3.2. Esta distro era para mí una gran novedad por dos razones importantes: la primera es que no estaba basada en Red Hat ni Mandrake, y no utilizaba RPM, sino que estaba basada en Debian y el gestor de paquetes que utilizaba era el APT. El APT era muy superior al RPM por muchas razones. A la hora de instalar un paquete, bastaba con escribir un comando (apt-get install paquete), a la hora de borrarlo, igual (apt-get remove paquete). Para actualizar TODO el sistema, incluyendo las librerías y dependencias, otro comando (apt-get dist-upgrade)… Es decir, tanto para instalar paquetes como para borrarlos, como para mantener el sistema al día, bastaba con poner un simple comando, y el APT se encargaba de todo, incluso de resolver los problemas de dependencias.
Por otro lado, esta distro tenía otra novedad muy interesante, que es que no era necesario instalarla. Venía en un CD desde el que se podía arrancar el sistema operativo (directamente desde el CD). Es lo que se conoce como Live CD. Esto permite probar el sistema sin necesidad de instalarlo en el disco duro. En cualquier caso, para instalarlo, en esta antigua versión bastaba con un sencillo comando (knx-hdinstall) y arrancaba un asistente gráfico muy sencillo de utilizar.
Con esta distribución aprendí a no depender de Windows para nada. Al poder instalar cualquier aplicación sin problemas, tenía a mi disposición todo un abanico de posibilidades en cuantro a programas. Aprendí lo importante que es tener el sistema siempre al día, a no utilizar la cuenta de superusuario a no ser que sea indispensable, a trastear un poco con los scripts del sistema operativo, a gestionar las aplicaciones que arrancan en el inicio del sistema, a configurarlo a mi gusto, a manejarme en el modo texto utilizando los comandos y no dependiendo tanto del entorno gráfico, a configurar el gestor de arranque, y lo más importante, a recompilar el kernel del sistema operativo de acuerdo con mi equipo.
Sin embargo, y a pesar de ser una distro tan maravillosa, tuve que dejarla al cabo de casi un año porque tenía un grave error. En ocasiones, al actualizar el sistema, se le iba la olla de mala manera y borraba muchos paquetes necesarios, haciendo que el sistema operativo dejase de funcionar (una verdadera putada). En cualquier caso sigue sacándome de apuros cuando me cargo el gestor de arranque.
EL FLECHAZO

Logo de Debian
Una vez que aprendí tanto con Knoppix, decidí deshacerme de ella para pasarme a tareas mucho más ambiciosas: instalar una distro Debian. Esta distro era bastante más complicada de manejar que todas las que había usado hasta ahora, porque a pesar de que su funcionamiento era igual que en la Knoppix (la Knoppix está basada en ella) la instalación no es gráfica, sino que es mediante un interfaz modo texto en el que se van seleccionando las opciones. Además no viene con paquetes de por sí, sino que hay que seleccionar manualmente todo lo que queremos (incluídos los paquetes individuales necesarios para el entorno gráfico). Tardé mucho tiempo en instalarla (podéis comprobarlo aquí en tono de humor), pero al final lo conseguí. Con esta distro estuve alrededor de año y medio o dos años (ya tenía conexión de banda ancha) y la verdad es que ya no había mucho que pudiese aprender. Aprendí a gestionar un poco más los scripts del equipo, y a utilizar las fuentes de paquetes adecuadas (el APT estaba gestionado por unas direcciones de donde sacar los programas, y podían ponerse 3 tipos: direcciones de paquetes inestables, pero muy nuevos, direcciones de paquetes en pruebas, pero un poquito más antiguos, y direcciones de paquetes estables, pero muy anticuados). Aparte de eso, poco más aprendí. A poner pijotadas como una pantalla bonita en el arranque, por ejemplo.
EL COLMO DEL CONTROL

Logo de Gentoo
Después de haber aprendido tanto, y con la experiencia adquirida en la instalación de Debian, me decidí a intentarlo con uno de los proyectos más ambiciosos que podía intentar: instalar una Gentoo. Esta distro no está basada en ninguna, y, una vez más, el gestor de paquetes es distinto. En este caso, la piedra angular del sistema es el portage, que funciona de una forma bastante parecida a APT, aunque con diferencias evidentes. Por un lado no era necesario gestionar las fuentes del portage, sino que hay una única fuente. Por otro lado, el portage no instala los programas, sino que los compila. En el momento de instalar el sistema, se indican los parámetros del equipo de forma muy pormenorizada (procesador, tipo, arquitectura, características, parámetros de configuración…) y posteriormente se compila TODO (incluso los compiladores). Esto tiene una ventaja evidente: al estar todo totalmente personalizado, los programas ocupan bastante menos, quitando trozos de código que no se utilizan. Por otro lado, la ejecución de los mismos es ligeramente más rápida (la verdad es que no es muy apreciable en aplicaciones normales). También tiene una desventaja evidente. Tanto para instalar programas como para actualizarlos, hay que compilarlos, y esto es un proceso muy lento (en actualizar el sistema completo, a veces tardaba 3 días ininterrumpidos). Con esta distro aprendí los pormenores del modo texto (la instalación era totalmente en modo texto, por comandos. Ni siquiera había opciones para elegir, como en debian). Aprendí también a configurar un sistema “a pelo” (no tiene ningún asistente, todo es completamente manual). En definitiva, a ser un usuario más que avanzado en lo que respecta a la gestión y utilización del sistema.
Otro punto débil de Gentoo es que los usuarios dependen (MUCHO) de quienes están al tanto de los programas y actualizan el árbol del portage. Si meten la pata e introducen un paquete en mal estado, todos los usuarios nos vemos afectados. Esa es una de las razones por las que después de más de dos años, dejé de utilizar Gentoo. Cada vez que alguien metía la pata, nos pasábamos 2 días con un sistema inestable. Además era un coñazo tardar tanto en instalar lo que fuese, y el mantenimiento del sistema era muy complicado y pesado.
ACTUALMENTE

Mi sistema actual
Actualmente, desde hace pocas semanas, estoy utilizando de nuevo una distro Debian. La verdad es que nunca me fue mal, aunque haber utilizado Gentoo durante tanto tiempo me sirvió para aprender mucho (ahora puedo estar escuchando música, viendo películas y trabajando en modo texto, como si fuese MS-DOS, y todo a la vez, sin ningún tipo de problema). No sólo aprendí en la utilización del sistema, sino también en su gestión y mantenimiento. En cualquier caso, por diversas opiniones que oí por ahí, quizás pruebe al terminar los exámenes una Ubuntu. Ya os contaré qué tal
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Shimokawa Mikuni – Sore ga ai deshou
Todos tenemos sueños o fantasías que nos gustaría hacer realidad. Son esas pequeñas cosas que creemos que necesitamos para ser un poquito (quizá mucho) más felices, y en las que pensamos todo el día. Puede ser una tontería, como terminar los exámenes y poder pasar al fin un día en la playa sin nada en la cabeza, o algo que forme parte de un plan mucho más grande, como conocer a esa persona especial, o que esa persona especial a la que ya conoces se dé cuenta de que tú también lo eres.
Forma parte del ser humano tener sueños, y aspirar a algo más de lo que ya tiene, así que es normal que todos deseemos siempre mil cosas. Sin embargo, hay muchas situaciones en las que esos sueños se pueden volver contra nosotros, aunque sólo sea anímicamente. Una de esas situaciones es cuando uno de esos sueños se convierte en un sueño real, es decir, cuando soñamos que ocurre uno de esos deseos. Es bonito soñarlo, porque de alguna manera es una forma de vivirlo, pero cuando te despiertas es realmente frustrante darte cuenta de lo que realmente fue, es y será: un sueño. Cuando acabas de despertar todavía tienes esa sensación de haberlo vivido, esa sensación que a lo largo del día se va diluyendo, pero sigue estando presente, y sientes que hay una parte de ti que desearías conservar, pero que el tiempo va borrando poco a poco. Además es muy angustioso tener la sensación de haberlo vivido, pero no los recuerdos de su vivencia. Es como cuando tienes la sensación de tener algo nuevo, o de que te pasa algo especial, pero no sabes por qué la tienes, aunque con el agravante de que esta vez tienes la certeza de que no hay nada nuevo, sino que sólo fue algo que salió de tu mente. Por otro lado, si esa fantasía tiene que ver con otra persona, el hecho de saber que aunque tú sientas eso la otra persona no ha vivido absolutamente nada puede hacer que algo ya de por si frustrante se convierta en una verdadera desesperación.
¿La solución a esto? No la hay. Si tenemos un sueño, no podemos hacer otra cosa que intentar lo que sea para hacerlo realidad, y no permitir que sea solamente eso, un sueño.

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