mar 28

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Ayer fue la famosa boda. Se cumplieron tooooooodos los tópicos que esperaba, uno a uno. Narremos el día pues.

Por asuntos capilares que no vienen al caso, me levanté a las 9 de la mañana para darme una buena ducha. Suena el despertador, le meto la ostia de costumbre y me dirijo al cuarto de baño a poner la estufa a todo trapo, porque a esas horas soy así como un poco hipersensible al frío. Mientras me meto debajo del teléfono pienso en quién leches me mandaba a mí ducharme a esas horas… Me afeito y me pongo la ropa del día anterior, porque aún me quedan casi 2 horas… Son las 11 y cuarto. Mi madre se asoma a mi cuarto para decirme con cara de estupor: “¿Todavía estás así?”. Si sabe que hay tiempo de sobra, y sabe perfectamente que no estoy cambiado todavía, ¿para qué la cara de estupor? A veces creo que en lugar de geograféa e historia, debería haber estudiado arte dramático. Me pongo el traje. Me hago el nudo de la corbata. Viene mi padre a decirme que no le gusta. Lo vuelvo a hacer. Vuelve para decirme lo mismo. Le pongo la corbata en la mano y le digo que lo haga él, que así se siente más macho. Salimos; foto de rigor y al coche. Empiezan a desfilar los comentarios “graciosos” y las risas forzadas. No sé si os habréis dado cuenta, pero en esas situaciones nadie se comporta como es. De repente, todo el mundo se convierte en el graciosillo de la familia, y todo el mundo empieza a reírse de todo. Es un mercado de apariencia. Todo hipocresía pura. Cuando empiecen a hacer pupa los zapatitos nuevos, ya se olvidarán de fingir.

Recogemos a las respectivas mozas y llegamos a casa de mis tios (el novio era mi primo). La moza me dice al oído que se siente un poco incómoda porque no conoce a nadie. Yo le respondo que se relaje un poco, que total, es mi familia y yo como que tampoco conocía a nadie por allí :P . Empiezo a saludar a todo el mundo y de repente me percato de que a mis saludos les seguían unas buenas caras de poker, así que se me encendió la bombillita, y comencé a preguntarle a toda la gente si sabía quién era (yo). Aquí empieza lo divertido del día:

-Holaaaaaaaa
-Er… hola…
-Manolo (es mi tío). ¿No sabes quien soy?

Manolo pone cara de poker… Duda si decir que sí o que no… Me mira… Me sigue mirando… Mira hacia atrás buscando ayuda de mi prima Rosa… hasta que ésta dice:

-Pues… yo no sé quien es…

Manolo se rinde. Le digo quien soy y ¡chaaaaaaaaan!, bombillita en su cabeza. Expresión de sorpresa tanto por parte suya como de mi prima. La jugada se repite a lo largo de la mañana con todos los familiares que llevaban tiempo sin verme, a los que yo reconocía, pero ellos a mí no.

Nos metemos en el bus (la boda era en Boiro, y queda a hora y poco de donde vivo) y hala, derechos a la iglesia. La mitad fuimos en el bus y la otra mitad en coches. Por supuesto, no llegamos todos. ¿Y quien falta? Los de siempre, mis primos Alberto, Kiko (alias Kilo por un detalle que ahora cuento) y Manuel (y respectivas mozas). Suena el movil de mi madre. Alberto pidiendo auxilio. Mi padre empieza a contarle la estrategia para encontrar la carretera. A todo esto nos metemos en la iglesia. Misa normalilla y tal, amenizada por un coro bastante… cómo decirlo… original. Las letras eran muy religiosas, eso sí, pero la música era de Bryan Adams, Alanis Morrisette, los Beatles… Salimos. Llegan Alberto, Manuel y Kilo (y mozas respectivas). Trazado seguido por los susodichos: desde Marín hasta Santiago; vuelta en la estación de autobuses, de ahí a Padrón y luego hasta Boiro. Para entendernos: si lo hacemos a gran escala sería como querer ir de barcelona hasta madrid. Ir hasta Cáceres, dar la vuelta en Portugal, pasar por Almería y llegar a Madrid. Sacamos fotos con los novios delante del altar (un sitio un poco angosto, por cierto), salimos y toca lluvia de arroz. Fotitas de rigor y volando para el restaurante, que con unas cosas y otras, son las 3 y media y el hambre empieza a apretar.

Llegamos al restaurante. Un sitio la mar de bonito, en el que pensamos todos: “Si es tan bonito, por qué leches sacaron las fotos en la iglesia y no aquí?”. Nos metemos dentro y de repente se acerca un hombre que me pasa un brazo por los hombros y con aire amistoso me dice:

- Aquí tiene el mapita [había un mapa en el que se representaban las mesas], y ahí están los nombres. Buen provecho.

Llegué a la conclusión de que era el jefote de los camareros (conclusión posteriormente corroborada). El asunto es que no estábamos todos mezclados, sino que nos ponían por mesas. Es decir, a los primos en una, a los tios en otra… y luego separando a los del novio de los de la novia (sólo en parte). La verdad es que yo lo vi bastante acertado, porque si nos empiezan a mezclar unos con otros, como estás con gente que no conoces y tal… siempre te cortas más y la cosa no acaba siendo tan animada. De aquí surge lo de Kilo. En la lista estaban todos nuestros nombres, y entre los nombres de los primos observamos con gracia (menos él, que fue con horror) que en lugar de Kiko, ponía Kilo (a alguien se le fue el dedo). Total, que le quedará Kilo para siempre jamás :P .

Primerisimo, los entrantes de rigor. Gambas a la gabardina buenísimas, gambas al ajillo un poco insulsas, mejillones con nosequé de vicio, empanada muy buena, pulpo bastante picante… Nos sentamos a la mesa propiamente dicha. Llegan los novios; aplauso obligatorio, fotos, “vivan los novios y demás”, y llega la langosta. Era la primera vez que probaba langosta, pero bueno… satisfactorio :P . La noté un poco dura, pero sin fallo. La gente estaba intentando comerla con el tenedor y la paleta del pescado, pero yo me harté pronto y le eché la mano, que había demasiada gusa para andarse con etiquetas. Llegaron los bueyes, las cigalas, las nécoras y los langostinos. Intenté comerme una nécora, pero llegué a la conclusión de que el zumo no compensaba exprimir la fruta (y en esas nécoras no había mucho que exprimir), así que empecé a atacar a los bueyes y las cigalas. Entonces, por aquello de quitarles el protagonismo a los novios, alguien empezó a cantar el cumpleaños feliz (es que además de la boda, era el cumpleaños de mi tía Y de un primo). Aplausos y demás y atacamos al lenguado y al rodaballo que ven´ian por babor. Entonces anuncian que hay un regalo especial para los novios, y aparece el equipo de camareros al completo con una caja. La abren y tachaaaaaaaan, un cerdo con chaleco y todo xD. Sigue la comida-cena (porque a todo esto, pasaban de las 7 de la tarde). Sorbete de limón para quitar el sabor del pescado. Me pareció notar un saborcillo a alcohol (cosa que fue corroborada por el murmullo que se oía alrededor) y después llegaron las chuletas de cordero y la ternera. De postre llovió helado y tarta.

Acaba la cena y empieza la música. Entonces por cosas de las leyes universales, “hay que” bailar. Da igual que no sepas. Da igual que no te guste. Da igual que tengas un dolor de cabeza del copón. “Tienes que” bailar. No sólo con la moza, con la que estás, sino con tu tía, tu madre, la novia… ¿Por qué “hay que” bailar? A mí no me gusta. A pesar de no gustarte tienes que bailar con la mitad de las mujeres que hay allí. A mí lo que me gusta es follar, y no por ello me tiro a la mitad de las comensales. Entre unas cosas y otras, alguien dice por allí que el autobús marcha a las 10 y media, y son y 25. Salgo de allí con la moza y mis padres, que tienen mi móvil en el coche. Mi padre abre el maletero para coger nosequé, se queda hablando conmigo, mi madre empieza a cerrarlo. Mi padre grita: “NO LO CIE…” CLACK “…RRES”. Cara de desesperación de mi madre. Cara de mala ostia de mi padre que empieza a buscar la llave por los bolsillos desesperado. Empiezan a berrear uno contra el otro (como suelen hacer en esas situaciones cuando ya olvidan la hipocresía de la que hablaba al principio). Mi padre encuentra la llave, me dan el móvil y salgo pitando con la moza colgada del brazo, porque cuando se avecina tormenta, es mejor resguardarse. Nos subimos al bus y pacasa.

Cuando llegamos, mis padres ya estaban aquí (ventajas del coche sobre el bus), así que ya no hubo fallo. Llevé a la moza para casa, recogí a mis padres en casa de mi tía y para casa (ésta vez para la mía :P ). Resumiendo muy mucho el día, me lo pasé bastante bien, olvidando ciertos momentos como el de que “hay que” y esa ducha a las 9 de la mañana. Además fue muy divertido ver cómo no me reconocía nadie :P . La próxima cita parece que será en septiembre, y visto el panorama de parejas por allí, no creo que tardemos mucho después. Cuando vuelva a haber marisco a la vista, os avisaré ;) .

5 idas de olla en “Crónica de una boda”

  1. nkw Says:

    ;DDDDDDDDDDDDDDDDDD
    Desde luego mis bodas no son tan entretenidas… menos mal, no me saca ningún familiar desconocido para mi a bailar, y lo más típico es, ¿dónde está tu novio, o aun no tienes?ggrrr es como para decirles… le quise evitar el sufrimiento ggrrr

  2. SheReMaya Says:

    Yo es no entiendo muy bien lo de menganito y pareja. Vamos que yo soy yo, y mi novio es simplemente eso, no un apendice que me cuelga xDD.

    En realidad me encanta llevar a mi bicho a todas partes xD.

    A rular las fotos!!! Parkito con traje!!!

  3. Sober Says:

    Pos a mi solo tuve una boda que me gustase… la de mi prima, y fue porque pude bailar con TODAS sus amigas (tengo fotos que lo corroboran)

  4. Charon Says:

    “A mí lo que me gusta es follar, y no por ello me tiro a la mitad de las comensales.” Llevo un buen rato partiéndome el culo con esta frase, creo que te la voy a tomar prestada porque de mis 18 primos aún faltan bastantes por casarse, y detesto bailar pachanga!

  5. luSSac Says:

    xDDDD xDDDD me uno a los comentarios de sherete y charon XDDDDDDDDDDD esa frase es muy buena XDD

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